Nos hundimos en la realidad: sólo un espejismo -inspiro-.
El mar mece las almas más indómitas con las sombras que abrazan lo que no es: no eres.
No eres el templo de Babilonia, derramas aire al respirar como los peces.
¿Quieres seguir morando en el Paraíso invisible?, te prometieron manos sanadoras,
ahora sólo añoras tus alas infantiloides de membrillo.
Flamígera mi boca, duermes en ella,
sueño con el sable inmortal para derretir aquel monolito
que nos impide ver ese mar que da todo y nunca desaparecerá.

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