Cortesana de seno duro, de mirada opaca y bruna
abriéndose con lentitud, como la de un buey,
tu gran torso reluce igual que un mármol nuevo.
Flor grasa y rica, a tu alrededor no flota ningún aroma,
y la serena belleza de tu cuerpo
desenrolla, mate, sus impecables acordes.
Ni siquiera sientes en la carne ese gusto que al menos
exhalan aquellos que van mustiando los henos,
y reinas en tu trono, ídolo insensible al incienso.
¡Tal como la Dalia, reina vestida de esplendor,
levanta sin orgullo su cabeza sin olor,
irritante en medio de unos jazmines incitantes!

1 comentario:
Adoro a Verlaine y últimamente me obsesionan las flores, me quedo con las dalias, son muy variadas y espectaculares. Sigo descubriendo la flora y mi próximo reto es pintarlas
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