Este es el título de la segunda parte del famoso libro Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson), un hombre inquieto, matemático además de escritor y fotógrafo inquisitivo del alma humana; como muestra esta foto que realizó a Alicia Liddell, la verdadera protagonista de estas dos historias fantásticas, mucho más ricas en imaginación y enredos de los universos interiores y laberínticos con los que todo ser convive -consciente o inconscientemente- que el venerado Harry Potter de estos tiempos.
Transcribo este poema que aparece al final de A través del espejo/Throw the looking glass:
Niño de pura y despejada frente
en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño:
aunque el tiempo pase raudo y quiera
que media vida me separe de la tuya
tu tierna sonrisa acogerá con gozo el regalo, lleno de amor, de un cuento.
No he visto tu cara radiante de luz
ni he oido la caricia de tu risa de plata;
la memoria de tu joven vida no guardará
luego de mí recuerdo alguno...
¡Básteme ahora que quieras escuchar el cuento que te voy a contar!
Una historia que comenzó en días ya pasados en el bochorno de una tarde de verano...
Una simple canción servía para impulsar el ritmo de nuestro remar...
sus ecos perviven aún en la memoria; los años envidiosos no lograrán hacérmelos olvidar. ¡Ven pronto y escucha, pues! Antes de que esa voz venga a anunciar la terrible nueva
¡Y ordene acostarse a la melancólica joven en ese lecho que tan poco desea!...
Amada: no somos más que niños grandes que se agitan en vano cuando llega la hora de dormir. Afuera, triunfan los hielos y azotan las nieves, brama la locura desatada del vendaval... Dentro, nos acoge el rescoldo del hogar y el nido feliz de la niñez.
Quedarás prendado por las mágicas palabras:
dejará de atemorizarte el furor de la tormenta.
Y aunque la sombra de un suspiro quizá lata a lo largo de esta historia,
añorando esos «alegres días de un estío de antaño» y el recuerdo desvanecido de un verano
ya pasado... no ajará con su infeliz aliento la gracia encantada de nuestro cuento.
Bajo un soleado cielo, una barca se desliza calladamente en el sueño de una tarde de verano...
Bajo un soleado cielo, una barca se desliza calladamente en el sueño de una tarde de verano...
Tres niñas se acurrucan muy cerca, los ojos brillantes,
el oído atento quisieran oír un sencillo cuento...
Mucho ha ya de aquel soleado cielo, se apagan sus ecos y su recuerdo...
El gélido otoño ha muerto aquel julio estival.
Mas su espíritu..., aún inquieta mi ánimo:
Alicia deambulando bajo cielos que nunca ojos mortales vieron.
Aún querrán niños un cuento, los ojos brillantes,
el oído atento acurrucándose amorosos a mi lado. Penetran en un país de maravillas.
Soñando mientras pasan los días, soñando mientras mueren los estíos.
Siempre deslizándose con la corriente...,
siempre flotando en ese rayo dorado...
la vida, acaso, ¿no es más que un sueño?

3 comentarios:
Confieso que sólo he leído un par de capítulos sueltos de ambos pero me quiero poner en ello, primero con uno y luego con otro
Y los sueños sueños son....
Preecioso.
La foto es inquietante, es una niña especial.
Me atrae lo diferente y misterioso
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